De ahora en adelante...

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Con cariño y agradecimientos por las más de 15 mil visitas recibidas en un año, me despido.

Jorsh.

11 Comentarios 25.4.07 17:07, comentar

El descrédito de un olvidado

Ni yo estoy para decirlo ni ustedes para sentirlo. Sin embargo, muchas veces no queda de otras, que echar la tristeza por donde fuese posible, que se vaya y no regrese (maldita tristeza).

Jamás en mi vida, jamás, desde que tengo uso de razón, me he sentido tan triste y por tanto tiempo, como en el mes de marzo y en el mes de abril de este trágico año. A lo mejor se prolongue por varios meses más, eso no lo sé, pero mi agónica depresión es la única verdad que puedo confesarles.

La dejamos ahí... estuve intentando escribir un montón de cosas y el ordenador se ha colgado y sólo pude recuperar esta parte... ya, la dejamos ahí.

4 Comentarios 28.2.05 17:13, comentar

¿Cómo hacer feliz a una mujer?

Es fácil. Sólo se necesita ser amigo, compañero, amante, hermano, padre, maestro, educador, cocinero, mecánico, plomero, decorador de interiores, estilista, electricista, sexólogo, gineco-obstetra, psicólogo, psiquiatra, terapeuta, audaz, simpático, atlético, cariñoso, atento, caballeroso, inteligente, imaginativo, creativo, dulce, fuerte, comprensivo, tolerante, prudente, ambicioso, capaz, valiente, decidido, confiable, respetuoso, apasionado y sobre todo muy solvente.
De la misma forma hay que poner atención en:
·        No ser celoso, pero tampoco desinteresado.
·        Llevarse bien con su familia, pero no dedicarles más tiempo que a ella.
·        Darle su espacio, pero mostrarse preocupado por dónde estuvo.
Y muy importante es:
·        No olvidar las fechas de cumpleaños, aniversario de novios, de boda, graduación, santo, menstruación, fecha del primer beso, cumpleaños de la tía y del hermano o prima hermana más querida, cumpleaños de los abuelos, de la mejor amiga, etc.

Desgraciadamente el cumplir al pie de la letra estas instrucciones no garantiza el 100% la felicidad de ella, porque podría sentirse inmersa en una vida de sofocante perfección y fugarse con el primer hijo de puta vividor que encuentre.

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5 Comentarios 11.4.07 15:38, comentar

Poema Veinte

Este poema pertenece al poeta Pablo Neruda del librito Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924). Enjoy!

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
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Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
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El viento de la noche gira en el cielo y canta.
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Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
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En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
¡La besé tantas veces bajo el cielo infinito!
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Ella me quiso, a veces yo también la quería.
¡Como no haber amado sus grandes ojos fijos!
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Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido,
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Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
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Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
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Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
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Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
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La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
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Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise!
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
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De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
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Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
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Porque en noches como ésta, la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

6 Comentarios 9.4.07 19:13, comentar

Y SIN EMBARGO TE QUIERO

Y SIN EMBARGO TE QUIERO

(Rafael de León)

I
Me lo dijeron mil veses,
mas yo nunca quise poner atención.
Cuando vinieron los llantos
ya estabas muy dentro de mi corazón.
Te esperaba hasta muy tarde,
ningún reproche te hasía;
lo más que te preguntaba
era que si me querías.
Y bajo tus besos en la madrugá,
sin que tú notaras la cruz de mi angustia
solía cantá:

ESTRIBILLO

Te quiero más que a mis ojos,
te quiero más que a mi vía,
más que al aire que respiro
y más que a la mare mía.
Que se me paren los pulsos
si te dejo de queré,
que las campanas me doblen
si te farto arguna ve.
Eres mi vía y mi muerte,
te lo juro, compañero,
no debía de quererte,
no debía de quererte
y sin embargo te quiero.

II

Vives con unas y otras
y na se te importa de mi soledá;
sabes que tienes un hijo
y ni el apellido le vienes a da.
Llorando junto a la cuna
me dan las claras del día;
¡mi niño no tiene pare...
qué pena de suerte mía!
Anda, rey de España, vamos a dormí...
Y, sin darme cuenta, en ve de la nana
yo le canto así:

(AL ESTRIBILLO) ...y Fin.

5 Comentarios 3.4.07 17:00, comentar

FELIZ CUMPLEAÑOS

Tú, mujer, qué eras allí, qué raya, qué varilla
de ese abanico inmenso? Estabas lejos como ahora.
Pablo Neruda.

 

 

Yo soy, Amor mío, quien ha venido

a interrumpir tus distantes sueños

hoy, que no me quieres, vengo

vacío a llenarme con un poco de tu desprecio.

 

Tengo en mis manos la esencia de lo que en mí has sido y

me cuesta despedirla en un verso, que me temo,

tiene la blanca piel cosecha de tu aroma

 

¡De dónde Dios pudo conseguirse dos torturas para mí que son tus ojos!

A través de ellos viajé a varios paraísos.

Hoy se han apagado. Ciego soy. Ciego.

Hoy me abandonan en un cuadrático infierno…

 

¡De dónde Dios pudo encontrarme una enemiga a quien amar!

Mía fuiste, tuyo seré siempre… No es justo.

 

¿Por qué hoy que tengo un obsequio para tu cumpleaños,

tú, mi princesa, ya no estás?

Y aquí nos quedamos, mi regalo y yo

esperando a que el tiempo nos olvide y pasemos de largo

en lo que el destino se tenga inevitablemente que llevar.

 

Ya no quedan rastros tuyos en mi habitación

salvo tus suspiros, salvo tu aliento que navega entre pared y pared

salvo por este hombre que muere a la soledad

salvo mi llanto, ya no queda nada de ti.

 

Día a día has caminado más

día a día y no te encuentro.

Te veo y no te encuentro

¿Es así como empieza a nacer el olvido?

 

¡Y cómo te busco aunque no quiero!

Por las mañanas te confundo y te saludo

Por las tardes tengo que almorzarme tu ración

Por las noches solito soporto el frío crudo

¿Dónde estás? ¿A dónde vas?

 

Pero el amor…

 

Y yo, por culpa del amor ya no te tengo.

 

Y yo que acabado, no encuentro en este mundo

algún lugar que no haya acogido nuestros cuerpos desnudos

ni encuentro el rastro de unos besos más profundos

que esos derramados por tus labios dulces y mudos.

 

Hoy cumples años, reina y no está este hombre

para protegerte de los abrazos falsos y las adulaciones convenidas

No estoy yo, que te he hecho tan infeliz.

 

Si algo me alegra de mi sufrimiento, es que hoy

que es tu cumpleaños, no sufrirás ya por mí.

Y gracias, que las rosas secas se marchitan sin querer

¿rojas?, ¿rosadas claras?… rosas fueron de todos los colores.

ya las monedas de plata se olvidan, se guardan en gavetas

y no se recuerda lo que significan

y las cartas cursis, los dibujitos…

y esas noches de guerra se odian

a pesar de los dolores que desgarran la piel del alma…

 

A lo mejor mi pensamiento loco mal entiende

Pero no hubo poema más bello, ni acto más puro,

ni ruego más supremo, ni fervor tan preciado,

nada pudo servir, amor, para detenerte.

 

¿Y los hijos? No, Amor, nunca nacieron.

 

Un día que nos amamos, y al siguiente que te fuiste

yo pensando que sigues conmigo, me hago a la idea

que cansada has ido a la cama y te dormiste

Y yo te contemplo evitando molestarte

y ansioso paso mis días, esperando que despiertes

para desearte feliz cumpleaños…

 

 

 

Para Jesikary
24/03/2007

3 Comentarios 28.2.05 17:13, comentar

La mujer del boticario

Esta vez les dejo con una narración del ruso Anton Chejov (1860-1904) . Disfruten de esta hermosa lectura.
La mujer del boticario.
La pequeña ciudad de B***, compuesta de dos o tres calles torcidas, duerme con sueño profundo. El aire, quieto, está lleno de silencio. Sólo a lo lejos, en algún lugar seguramente fuera de la ciudad, suena el débil y ronco tenor del ladrido de un perro. El amanecer está próximo.

Hace tiempo que todo duerme. Tan sólo la joven esposa del boticario Chernomordik, propietario de la botica del lugar, está despierta. Tres veces se ha echado sobre la cama; pero, sin saber por qué, el sueño huye tercamente de ella. Sentada, en camisón, junto a la ventana abierta, mira a la calle. Tiene una sensación de ahogo, está aburrida y siente tal desazón que hasta quisiera llorar. ¿Por qué...? No sabría decirlo, pero un nudo en la garganta la oprime constantemente... Detrás de ella, unos pasos más allá y vuelto contra la pared, ronca plácidamente el propio Chernomordik. Una pulga glotona se ha adherido a la ventanilla de su nariz, pero no la siente y hasta sonríe, porque está soñando con que toda la ciudad tose y no cesa de comprarle Gotas del rey de Dinamarca. ¡Ni con pinchazos, ni con cañonazos, ni con caricias, podría despertárselo!

La botica está situada al extremo de la ciudad, por lo que la boticaria alcanza a ver el límite del campo. Así, pues, ve palidecer la parte este del cielo, luego la ve ponerse roja, como por causa de un gran incendio. Inesperadamente, por detrás de los lejanos arbustos, asoma tímidamente una luna grande, de ancha y rojiza faz. En general, la luna, cuando sale de detrás de los arbustos, no se sabe por qué, está muy azarada. De repente, en medio del silencio nocturno, resuenan unos pasos y un tintineo de espuelas. Se oyen voces.

"Son oficiales que vuelven de casa del policía y van a su campamento", piensa la mujer del boticario.

Poco después, en efecto, surgen dos figuras vestidas de uniforme militar blanco. Una es grande y gruesa; otra, más pequeña y delgada. Con un andar perezoso y acompasado, pasan despacio junto a la verja, conversando en voz alta sobre algo. Al acercarse a la botica, ambas figuras retrasan aún más el paso y miran a las ventanas.

-Huele a botica -dice el oficial delgado-. ¡Claro..., como que es una botica...! ¡Ah...! ¡Ahora que me acuerdo... la semana pasada estuve aquí a comprar aceite de ricino! Aquí es donde hay un boticario con una cara agria y una quijada de asno. ¡Vaya quijada...! Con una como ésa, exactamente, venció Sansón a los filisteos.

-Si... -dice con voz de bajo el gordo-. Ahora la botica está dormida... La boticaria estará también dormida... Aquí, Obtesov, hay una boticaria muy guapa.

-La he visto. Me gusta mucho. Diga, doctor: ¿podrá querer a ese de la quijada? ¿Será posible?

-No. Seguramente no lo quiere -suspira el doctor con expresión de lástima hacia el boticario-. ¡Ahora, guapita..., estarás dormida detrás de esa ventana...! ¿No crees, Obtesov? Estará con la boquita entreabierta, tendrá calor y sacará un piececito. Seguro que el tonto boticario no entiende de belleza. Para él, probablemente, una mujer y una botella de lejía es lo mismo.

-Oiga, doctor... -dice el oficial, parándose- ¿ Y si entráramos en la botica a comprar algo? Puede que viéramos a la boticaria.

-¡Qué ocurrencia! ¿Por la noche?

-¿Y qué...? También por la noche tienen obligación de despachar. Anda, amigo... Vamos.

-Como quieras.

La boticaria, escondida tras los visillos, oye un fuerte campanillazo y, con una mirada a su marido, que continúa roncando y sonriendo dulcemente, se echa encima un vestido, mete los pies desnudos en los zapatos y corre a la botica.

A través de la puerta de cristal, se distinguen dos sombras. La boticaria aviva la luz de la lámpara y corre hacia la puerta para abrirla. Ya no se siente aburrida ni desazonada, ya no tiene ganas de llorar, y sólo el corazón le late con fuerza. El médico, gordiflón, y el delgado Obtesov entran en la botica. Ahora ya puede verlos bien. El gordo y tripudo médico tiene la tez tostada y es barbudo y torpe de movimientos. Al más pequeño de éstos le cruje su uniforme y le brota el sudor en el rostro. El oficial es de tez rosada y sin bigote, afeminado y flexible como una fusta inglesa.

-¿Qué desean ustedes? -pregunta la boticaria, ajustándose el vestido.

-Denos... quince kopeks de pastillas de menta.

La boticaria, sin apresurarse, coge del estante un frasco de cristal y empieza a pesar las pastillas. Los compradores, sin pestañear, miran su espalda. El médico entorna los ojos como un gato satisfecho, mientras el teniente permanece muy serio.

-Es la primera vez que veo a una señora despachando en una botica -dice el médico.

-¡Qué tiene de particular! -contesta la boticaria mirando de soslayo el rosado rostro de Obtesov-. Mi marido no tiene ayudantes, por lo que siempre lo ayudo yo.

-¡Claro...! Tiene usted una botiquita muy bonita... ¡Y qué cantidad de frascos distintos..! ¿No le da miedo moverse entre venenos...? ¡ Brrr...!

La boticaria pega el paquetito y se lo entrega al médico. Obtesov saca los quince kopeks. Trascurre medio minuto en silencio... Los dos hombres se miran, dan un paso hacia la puerta y se miran otra vez.

-Deme diez kopeks de sosa -dice el médico.

La boticaria, otra vez con gesto perezoso y sin vida, extiende la mano hacia el estante.

-¿No tendría usted aquí, en la botica, algo...? -masculla Obtesov haciendo un movimiento con los dedos-. Algo... que resultara como un símbolo de algún líquido vivificante...? Por ejemplo, agua de seltz. ¿Tiene usted agua de seltz?

-Si, tengo -contesta la boticaria.

-¡Bravo...! ¡No es usted una mujer! ¡Es usted un hada...! ¿Podría darnos tres botellas...?

-La boticaria pega apresurada el paquete de sosa y desaparece en la oscuridad, tras de la puerta.

-¡Un fruto como éste no se encontraría ni en la isla de Madeira! ¿No le parece? Pero escuche... ¿no oye usted un ronquido? Es el propio señor boticario, que duerme.

Pasa un minuto, la boticaria vuelve y deposita cinco botellas sobre el mostrador. Como acaba de bajar a la cueva, está encendida y algo agitada.

-¡Chis! -dice Obtesov cuando al abrir las botellas deja caer el sacacorchos-. No haga tanto ruido, que se va a despertar su marido.

-¿Y qué importa que se despierte?

-Es que estará dormido tan tranquilamente... soñando con usted... ¡A su salud! ¡Bah...! -dice con su voz de bajo el médico, después de eructar y de beber agua de seltz-. ¡Eso de los maridos es una historia tan aburrida...! Lo mejor que podrían hacer es estar siempre dormidos. ¡Oh, si a esta agua se le hubiera podido añadir un poco de vino tinto!

-¡Qué cosas tiene! -ríe la boticaria.

-Sería magnífico. ¡Qué lástima que en las boticas no se venda nada basado en alcohol! Deberían, sin embargo, vender el vino como medicamento. Y vinum gallicum rubrum..., ¿tiene usted?

-Sí, lo tenemos.

-Muy bien; pues tráiganoslo, ¡qué diablo...! ¡Tráigalo!

-¿Cuánto quieren?

Cuantum satis! Empecemos por echar una onza de él en el agua, y luego veremos. ¿No es verdad? Primero con agua, y después, per se.

-El médico y Obtesov se sientan al lado del mostrador, se quitan los gorros y se ponen a beber vino tinto.

-¡Hay que confesar que es malísimo! ¡Que es un vinum malissimum!

-Pero con una presencia así... parece un néctar.

-¡Es usted maravillosa, señora! Le beso la mano con el pensamiento.

-Yo hubiera dado mucho por poder hacerlo no con el pensamiento -dice Obtesov-. ¡Palabra de honor que hubiera dado la vida!

-¡Déjese de tonterías! -dice la señora Chernomordik, sofocándose y poniendo cara seria.

-Pero ¡qué coqueta es usted...! -ríe despacio el médico, mirándola con picardía-. Sus ojitos disparan ¡pif!, ¡paf!, y tenemos que felicitarla por su victoria, porque nosotros somos los conquistados.

La boticaria mira los rostros sonrosados, escucha su charla y no tarda en animarse a su vez. ¡Oh...! Ya está alegre, ya toma parte en la conversación, ríe y coquetea, y por fin después de hacerse rogar mucho de los compradores, bebe dos onzas de vino tinto.

-Ustedes, señores oficiales, deberían venir más a menudo a la ciudad desde el campamento -dice-, porque esto, si no, es de un aburrimiento atroz. ¡Yo me muero de aburrimiento!

-Lo creo -se espanta el médico-. ¡Una niña tan bonita! ¡Una maravilla así de la naturaleza, y en un rincón tan recóndito! ¡Qué maravillosamente bien lo dijo Griboedov! "¡Al rincón recóndito! ¡Al Saratov...!" Ya es hora, sin embargo, de que nos marchemos. Encantados de haberla conocido..., encantadísimos... ¿Qué le debemos?

La boticaria alza los ojos al techo y mueve los labios durante largo rato.

-Doce rublos y cuarenta y ocho kopeks -dice.

Obtesov saca del bolsillo una gruesa cartera, revuelve durante largo tiempo un fajo de billetes y paga.

-Su marido estará durmiendo tranquilamente... estará soñando... -balbucea al despedirse, mientras estrecha la mano de la boticaria.

-No me gusta oír tonterías.

-¿Tonterías? Al contrario... Éstas no son tonterías... Hasta el mismo Shakespeare decía: "Bienaventurado aquel que de joven fue joven..."

-¡Suelte mi mano!

Por fin, los compradores, tras larga charla, besan la mano de la boticaria e indecisos, como si se dejaran algo olvidado, salen de la botica. Ella corre a su dormitorio y se sienta junto a la ventana. Ve cómo el teniente y el doctor, al salir de la botica, recorren perezosamente unos veinte pasos. Los ve pararse y ponerse a hablar de algo en voz baja. ¿De qué? Su corazón late, le laten las sienes también... ¿Por qué...? Ella misma no lo sabe. Su corazón palpita fuertemente, como si lo que hablaran aquellos dos en voz baja fuera a decidir su suerte. Al cabo de unos minutos el médico se separa de Obtesov y se aleja, mientras que Obtesov vuelve. Una y otra vez pasa por delante de la botica... Tan pronto se detiene junto a la puerta como echa a andar otra vez. Por fin, suena el discreto tintineo de la campanilla.

La boticaria oye de pronto la voz de su marido, que dice:

-¿Qué...? ¿Quién está ahí? Están llamando. ¿Es que no oyes...? ¡Qué desorden!

Se levanta, se pone la bata y, tambaleándose todavía de sueño y con las zapatillas en chancletas, se dirige a la botica.

-¿Qué es? ¿ Qué quiere usted? pregunta a Obtesov.

-Deme..., deme quince kopeks de pastillas de menta.

Respirando ruidosamente, bostezando, quedándose dormido al andar y dándose con las rodillas en el mostrador, el boticario se empina hacia el estante y coge el frasco...

Unos minutos después la boticaria ve salir a Obtesov de la botica, le ve dar algunos pasos y arrojar al camino lleno de polvo las pastillas de menta. Desde una esquina, el doctor le sale al encuentro. Al encontrarse, ambos gesticulan y desaparecen en la bruma matinal.

-¡Oh, qué desgraciada soy! -dice la boticaria, mirando con enojo a su marido, que se desviste rápidamente para volver a echar a dormir-. ¡Que desgraciada soy! -repite.

Y de repente rompe a llorar con amargas lágrimas Y nadie... nadie sabe...

-Me he dejado olvidados quince kopeks en el mostrador -masculla el boticario, arropándose en la manta-. Haz el favor de guardarlos en la mesa.

Y al punto se queda dormido.

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4 Comentarios 14.3.07 09:21, comentar

DIOS HARA LO DEMAS

Estuve leyendo algo de Amado Nervo, y este poeme me parece fenomenal. Lo posteo para vuestro deleite.

Dios Hará lo demás.


¿Qué es inútil mi afán por conquistarte:
que ni me quieres hoy ni me querrás...?
Yo me contento, Amor, con adorarte:
¡Dios hará lo demás!

Yo me contento, Amor, con sembrar rosas
en el camino azul por donde vas.
Tú sin mirarlas, en su senda posas
el pie: ¡Quizás mañana las veras!

Yo me contento, Amor, con sembrar rosas
¡Dios hará lo demás!

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