Naufragio ideal.
En segundos experimentas el derrumbe de tus ideas. Las victorias que conseguiste con tanto esfuerzo se han esfumado y con ellas, las personas que te acompañaron glorificando cada acto que realizabas. Hoy caminas buscando la respuesta a tus incomprensibles cambios de personalidad. Eres un ser sin personalidad. Siempre terminan influyendo en ti. Ahora no sabes quién influyó para que te sientas una basura. Por ratos te sientas, tocas algunos acordes de la vieja guitarra que te regaló la añeja Marialuz, permaneces pasmado en recuerdos tácitos e inflexibles que en el fondo te lastiman más. Observas algunos libros y reconoces que de no haber estado tan metido en el servicio de los demás, hubieras leído mucho más y de repente escribir con más ahínco. Eres un vegetal. Ya son como seis días que estás así. Seis, el número imperfecto… tu vida tiene tantas experiencias y todas tan contrarias, que crees que el origen de tu inestabilidad emocional es precisamente que ni los dioses ni los humanos te dejaron que tú seas el que decida sino siempre se atribuyeron esa potestad. No sabes cómo pudiste aguantar tanto. Nadie te apoyó, finalmente, de modo que has decidido largarte de esta estólida ciudad, caricatura mal hecha del mundo real. Irás lejos, posiblemente a la metrópoli a desahogarte, a probar suerte, a aventurarte como el aprendiz de escritor que siempre has sido, sin futuro. Al carajo con el servicio social que brindabas, a la mierda con esa profesión que tienes, profesión de mediocres. Irás a la capital y serás otro, conseguirás un trabajo que por lo menos te alcance para sobrevivir y, después, ¿qué es lo que vendrá?






